El Protocolo como instrumento para afrontar los desafíos de la vida labor
por Estela Saldain
Durante el año 2022 en Uruguay, se tomaron conocimiento públicos diversos actos de violencia en instituciones del Estado. Los diferentes casos se hicieron visibles ante la sociedad, por la gravedad de sus consecuencias.
Desafortunadamente la violencia en el trabajo reconocida jurídicamente como “acoso moral”, no solamente ocurre en Uruguay sino en todo el mundo. Investigaciones realizadas por la OIT, han revelado que sin importar las condiciones económicas de cada nación, sean tanto del primer mundo como del tercero, los casos de acoso moral suceden día tras día. Las víctimas responden a la actividad pública y también al sector privado.
En pandemia la competencia entre las empresas, la incertidumbre sobre qué sucedería con las fuentes de trabajo, agudizaron un problema que sutilmente se mantiene en la invisibilidad. El acoso moral conocido comúnmente como “mobbing”, ha estado y está presente desde hace largo tiempo. Silencioso, sumando víctimas y sin que los grupos de trabajo se den cuenta los va transformando en sus aliados y así permiten que continúe.
¿Qué se entiende por mobbing?
La psiquiatra francesa, Dra. Marie France Hirigoyen, lo define.
«…toda conducta abusiva (gestos, palabras, comportamientos, actitudes) que atentan por su repetición o sistematización, contra la dignidad o la integridad psíquica o física de una persona, poniendo en peligro su empleo o degradando el ambiente de trabajo, produciendo una destrucción insidiosa y fría mediante frecuentes ademanes de desprecio y de humillación de una persona hacia otra durante un período de tiempo largo, se trata de una violencia sin tregua que aniquila la autoestima de la víctima y la descalifica con una simple mirada o un cierto tono de voz. El agresor busca a menudo aliados entre el resto de los trabajadores».
¿Cómo se puede detectar?. Es muy difícil hacerlo visible dadas las características a través de las que se manifiesta. Demostrar y comprobar que una persona está siendo víctima de mobbing, es un arduo y doloroso camino para quien lo sufre. La ausencia de pautas en las instituciones sobre cómo afrontarlo y la falta en los gobiernos de una legislación al respecto, son el denominador común para que esta situación continúe existiendo.
Sin embargo, los especialistas en el tema han podido determinar los puntos comunes entre los casos de mobbing. Puede ser padecido por cualquier individuo, sucede tanto en instituciones públicas como privadas, se da de tres formas: ascendente, descendente y entre pares.
De manera ascendente: de los subordinados hacia la jefatura.
De manera descendente: de la jefatura hacia los subordinados.
Entre pares: compañeros de tareas, personas con el mismo cargo.
Algunas de los aspectos tenidos en cuenta para reconocer si se está siendo víctima de mobbing son: gritos, insultos, represiones. Humillaciones en público y privado. Restricciones en el uso del material o equipos del lugar de trabajo. Desprestigio de la persona. No permitirle expresarse. Quitarle todo tipo de ocupación.
Cabe aclarar, aquéllas situaciones que no son consideradas como mobbing. Estrés laboral. Síndrome del quemado. Acoso sexual. Un hecho puntual de violencia. Un ambiente laboral exigente. Tener una discusión con un compañero o jefe. Ser despedido del trabajo. Mal liderazgo. Situaciones de tensión por cambios en la organización donde trabaja.
El hostigador
Las personas que generan éstas tensiones dentro de las organizaciones son consideradas por los especialistas en el tema, como psicópatas. El Dr. en Psicología Iñaki Piñuel lo define:
“Los psicópatas integrados son personas aparentemente normales, pero que carecen de empatía, de la capacidad de ponerse en el lugar del otro y de sentir compasión por él. Afirma Piñuel y agrega: “Son personas encantadoras y seductoras, que están en todos los lugares, especialmente en los sitios de poder, en los que tienen mayor capacidad de manipulación. El problema es que no están identificados como tales…”
Protocolo vs. Mobbing
El Protocolo ejercido en su manera más perfecta puede mediar, brindar equilibrio, poner orden. Evitar suspicacias, confrontaciones, facilitar el trato igualitario, respetuoso, cordial y ameno entre las personas.
Los ceremonialistas más allá de sus aptitudes naturales, están capacitados y entrenados – o por lo menos así debería de ser- para ser facilitadores y empáticos. Los caracteriza la amabilidad, la sonrisa, el buen trato. Las buenas maneras, la justa respuesta, la acción inmediata y por ello se puede apelar a esas virtudes y al profesionalismo de quienes ejercen tan noble tarea, para colaborar en la prevención y orientación de personas que sean víctimas de acoso moral (mobbing).
El Protocolo como instrumento para afrontar la violencia en el trabajo, puede:
Asesorar, guiar y acompañar, orientando a la víctima en los pasos que deberá de seguir para comenzar a salir de la situación que nada hizo para merecer estar en ella. Ayudarle a contactarse con las personas o instituciones a las que podrá contar su historia sin ser culpado o responsabilizado. Tender puentes a través de la comunicación, para contribuir de manera positiva al relacionamiento entre la víctima y la organización. Colaborar con la concientización del acoso moral en las organizaciones. Prevenir el surgimiento de nuevos casos a través de la información. Contribuir con la práctica del respeto, la empatía y las buenas maneras. Fomentar un mejor relacionamiento entre los integrantes de las organizaciones, para generar un ambiente laboral saludable. No contribuir con la naturalización del acoso moral en las organizaciones, banalizando el tema.


Muy interesante!!
Muy interesante, un tema muy latente y que genera preocupación dado los muchos casos que se registran, sin contar los que no trascienden.