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Ana Karen Rodea MuñozCOLUMNISTAS

CULTURA DE PAZ PARA UNA CONVIVENCIA PACIFICA EN COMUNIDAD

Por Any Muñoz

La sociedad debe mantener los valores del altruismo, la empatía, las responsabilidades y la reciprocidad para generar convivencia pacífica.

 

Para lograr vivir en comunidad y ser partícipe de la toma de decisiones en el día a día del constructo social, del cual, todos como ciudadanos deberíamos participar para ser mejor gobernados y exigir se respeten los derechos individuales como sociales y se promueva una cultura de paz en un país cambiante y con evolución en aras políticas, económicas, culturales, etc., dentro de su constante configuración del mundo actual, es necesario adentrarnos al concepto mismo de la teoría que ello enmarca, es decir, entender y comprender ¿qué es la paz? ¿Cuáles son aquellos elementos a tomar en cuenta para realmente hablar de una ciudadanía que participa de una cultura de paz? Y, sobre todo, cuál es el diálogo que permea al respecto entre gobernantes y gobernados y mismos ciudadanos dentro de sus comunidades en la cuales conviven como vecinos, compañeros de trabajo, de escuela – vaya – dentro de los múltiples escenarios en los que subjetivisa la acción social.

Las Naciones Unidas ha decretado el 21 de septiembre como el día Internacional de la paz desde 1981, con motivo de erradicar de las sociedades mundiales las conductas que promueven la violencia y prevenir posibles conflictos que origen guerras. De esta manera y con la participación de la ciudadanía, también se pretende la promoción de una educación y cultura con mayor conciencia y civilidad para la mejora del desarrollo económico y social, buscar un mundo mucho más sostenible y con oportunidades para todos.

Pero entendamos ¿qué es la paz? Esto, a partir de lo establecido por la Resolución Cultura de Paz, aprobada por la Asamblea General de las Naciones Unidas (1998) y es que no es otra cosa más que la exigencia “al respeto de los derechos humanos, la igualdad entre mujeres y hombres, la participación democrática, la tolerancia, la libre circulación de información y el desarme”. Lo que, implica así mismo; el respeto a las formas de interacción entre sujetos y/o individuos, los niveles de instrucción en su lengua, toda vez que, a sus ideas, pensamientos y sentimientos, sin discriminación ni prejuicios.

Es también, ser conscientes de que a nivel global coexistimos en una sociedad que comparte un conjunto de valores, principios, actitudes y comportamientos, donde la narrativa comunicativa en este contexto, es si o si, poder sentirnos cómodos con los “otros”, cuidados, amados, respetados y valorados desde una individualidad que tiene impacto dentro de la esfera social; porque además, implica ser parte de, un reconocimiento identitario como país, nación, simplemente dentro de una comunidad en particular, en la que entran en juego toda una serie de representaciones como imaginarios colectivos que se dotan de significado para sentirse identificados con algo u alguien.

Se vuelve fundamental en tiempos como el que transitamos volver a retomar, reflexionar, debatir, compartir y enseñar desde luego en las aulas y fuera de ellas – sin lugar a dudas – la necesidad de promover una cultura de paz que permita tomar acciones para transformar el mundo, para erradicar en la medida de lo posible la violencia, para formar sociedades más humanas, más empáticas, más participativas y propositivas ante los conflictos sociales que surjan en el camino, promoviendo la convivencia pacifica y el desarrollo integral basado en el bienestar en todos sus rubros social, cultural, educativo, económico y de relaciones humanas.

Se trata si, de promover la construcción de prácticas de socialización con mayores escenarios democráticos entre los distintos actores que participan en el proceso de formación educativa formal e informal; entre comunidades y vecindades, para fomentar mediante el diálogo, relaciones sociales basadas en valores cívicos y éticos como lo son el respeto, tolerancia, reconocimiento, cooperación, solidaridad y honestidad; todo ello a favor de una Cultura de la Paz, que implique ya en la acción el disfrute de la diversidad, la participación y la convivencia; así también implementar y garantizar políticas públicas en pro de un mundo mayor sostenible en sus economías, con erradicación de desigualdades y pobreza extrema como justicia social, seguridad, mayor salud, bajos niveles de corrupción, así como libertad e intercambio de información para lograr una comunicación efectiva y eficaz bajo altos estándares de respeto, comprensión, tolerancia, solidaridad y cooperación entre personas, sociedades y culturas.

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