COLUMNISTASManuela Alejandra Laynes

EL VOLUNTARIADO, LA OPORTUNIDAD DE VELAR POR EL PRÓJIMO 

 

por Licda. Manuela Alejandra Laynes 

 

Yo nunca me imaginé como maestra. No soy maestra de profesión, sin embargo, por una invitación realizada por una monja, hermana de la Congregación Hijas del Divino Salvador, me sumé a un voluntariado educativo. 

 

Una de las tareas de este voluntariado es atender a jóvenes y personas adultas que por distintas razones no cursaron los grados de primaria y básicos en las edades que están reglamentadas, de acuerdo al Ministerio de Educación de Guatemala. 

 

Sin mayor conocimiento de la aventura que iba a iniciar, acepté.  Está experiencia revolucionó totalmente mi vida. Ante cada historia de limitaciones y luchas de los jóvenes, señoritas y otras personas adultas descubrí que la vocación de enseñar y aportar a la vida de otros por medio de la enseñanza la tenía muy guardada en mí.  

En mi casa, mis padres no tuvieron la oportunidad de estudiar, pero lo que mi madre aprendió por su cuenta (leer y escribir un poco) nos lo transmitió a sus hijos, en nuestros primeros años de vida. 

 

Quizá lo hizo de una manera bastante rígida, poco ortodoxa. Me enseñó las primeras letras como pudo, pero funcionó muy bien porque yo en el primer grado de primaria ya leía de corrido. Los niños captamos el mundo de una manera particular. Sin embargo, enseñar a leer y escribir a un adulto es todo un reto, no digamos el desafío que implica enseñarles matemáticas y el resto de materias. 

 

Los adultos se interesan por continuar sus estudios más por presiones laborales que por motivación propia, de esa cuenta es que algunos van motivados en adquirir nuevos conocimientos, pero otros llegan solo por tener un certificado (obtener un cartón) que avale los conocimientos. Sabiendo esto, es importante que para realizar adecuadamente este tipo de voluntariado se recurra y se fundamente en los tres principios de la andragogía: Participación, horizontalidad y flexibilidad. Yo le agregaría el trabajo en la autoestima del estudiante, pues hay momentos que se sienten que a su edad ya no se les queda nada, que no son capaces de hacer las cosas que los niños y jóvenes están logrando en los mismos grados que ellos cursan. 

 

Se tiene que estar constantemente motivando al estudiante y a veces a quienes viven con ellos, pues es necesario mejorar su autoconcepto y la creencia en sus capacidades y potencial. Hay que entender que utilizan su fin de semana para estudiar, ya que el resto de la semana deben trabajar y sumado a esto, tienen responsabilidad con sus familias como padres, madres, hijos.

 

En mi experiencia, tuve, incluso en algunos momentos, salirme un poco del programa pues debía complementar la enseñanza de los libros y las 4 paredes del aula, para que estos estudiantes adultos conocieran aspectos como una visita a la biblioteca, al centro cultural o bien a un museo.  

 

Esos espacios, según ellos creían, estaba restringido únicamente a los niños y jóvenes que cursan los grados en las edades promedio determinadas por las autoridades educativas.  De estas actividades tengo una anécdota con el primer grupo. La visita fue a la biblioteca de la Universidad estatal.  Ellos asumían que, por estar apenas en primaria, no podían visitar la Universidad, asumían, según me contaron después, que estas puertas solamente se abrían con un carné que los acreditaba como universitarios.   

 

Para muchos de nosotros puede parecer irrisorio, pero, así como les sucedió a estos estudiantes, muchas personas creen que el conocimiento no es para todas las personas, aspecto que no es cierto.  

 

Este voluntariado me dio la oportunidad de conocer que hay muchas formas de ayudar al prójimo, si lo vemos desde un punto de vista religioso, pero si no somos muy religiosos es una buena oportunidad para hacer una mejor sociedad, un mejor país y por qué no un mejor mundo de convivencia fraterna. 

 

Los animo a que busquemos siempre esos espacios donde podamos tender la mano a quien lo necesita.  Colaborar a que los conocimientos puedan llegar a más personas, abrirles nuevas oportunidades, incluso a la vida profesional. Contribuir también a vivir la satisfacción de lograr un sueño que muchos consideran que está lejos de ellos.

Un comentario en «EL VOLUNTARIADO, LA OPORTUNIDAD DE VELAR POR EL PRÓJIMO »

  • Manuela, tu columna es inspiradora y muestra cómo la voluntad y la disposición de ayudar pueden llevar a una transformación personal significativa. La historia de cómo una persona que inicialmente no se veía a sí misma como maestra se involucró en un voluntariado educativo es conmovedora.

    Es admirable cómo te has dedicado a apoyar a jóvenes y adultos que habían perdido la oportunidad de cursar la educación básica en el momento adecuado. Tu compromiso y pasión por enseñar brilla a lo largo de la narración, y tu comprensión de los desafíos que enfrentan los adultos que regresan a la escuela es evidente.

    Además de destacar la importancia de la andragogía y el enfoque en la participación, horizontalidad, flexibilidad y autoestima de los estudiantes es fundamental.

    Me llama la atención cómo la educación puede romper estereotipos y abrir nuevas oportunidades para todas las personas, independientemente de su edad.

    Gracias por hacernos ver la importancia de la educación como herramienta para la transformación personal y social, así como la relevancia del voluntariado y la empatía en la construcción de una sociedad más igualitaria y comprensiva. ¡Un abrazo Manuela, gracias por compartir! ❤️

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