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COLUMNISTASOrlando Goncalves

PANAMÁ: PAÍS DE CONTRASTES.

 

Por Orlando Goncalves

Panamá, país que nunca deja de sorprender. La reciente elección ha sido una demostración de ello, pues se suscitaron varios fenómenos interesantes.

El primero de ellos fue la elección de presidente a José Raúl Mulino, persona que surge en el escenario a pocos meses de la elección, luego de la inhabilitación del expresidente Ricardo Martinelli.

Hasta ese momento, la mayoría de las encuestas reflejaban que la mayor intención de voto la tenía justamente el expresidente Martinelli, y es aquí donde surge el primer fenómeno, pues logran hacer una transferencia de votos importante y sólida que se mantuvo desde la salida al ruedo de la candidatura de Mulino.

Esto hay que verlo como un fenómeno político, puesto que, generalmente, la trasferencia del liderazgo y, en este caso, de votos, sufre una gran merma entre el líder y el ungido; contrario en esta elección pues el candidato investido logra el endoso de gran porcentaje de votos que le permiten ganar la presidencia con una amplia ventaja.

El otro fenómeno que se dio en esta elección es que, el panameño, en términos generales, expresaba desagrado por la corrupción, sin embargo, resultó votando por el candidato que asumió en lugar del inhabilitado exmandatario Ricardo Martinelli, tras confirmarse una condena en contra de este de casi once años de prisión por blanqueo de capitales, y su posterior asilo en la Embajada de Nicaragua.

Sin asistir a los debates presidenciales, sin mayor carisma ni dotes de comunicación y con propuestas simples, como que regrese el “chen chen” (expresión popular panameña para referirse al dinero) como una remembranza del retorno de la prosperidad económica que vivió Panamá durante el gobierno del expresidente Martinelli. Dicho de otra manera, al panameño le desagrada la corrupción, pero la prioridad en el bienestar personal y esa lectura la tuvo muy clara la campaña del expresidente y a la postre su candidato, el hoy presidente electo Mulino.

Otro elemento a destacar es que, a pesar de que obtuvo más de 738.000 votos eso solo representa el 25% del padrón electoral, es decir 7 de cada 10 panameños no le ha votado, y apenas obtuvo 14 diputados de 71, lo cual refleja dos situaciones. La primera, definitivamente el dueño de los votos es el expresidente Martinelli, y la gente votó por el regreso del “chen chen”, pero eso no se trasladó a los liderazgos locales.

Quien llegó en segundo lugar, Ricardo Lombana, obtuvo más de 500 mil votos, logrando elegir solo 3 diputados. Es decir, los electores votaron por una figura que, a pesar de haberse formado en el sistema, se presentó como un anti sistema, pero no logró irradiar hacia sus candidatos a diputados, a alcaldes y representantes, la favorabilidad electoral.

Quizás lo más interesante de esta elección sea el fenómeno del movimiento Vamos, encabezado por Juan Diego Vázquez, diputado saliente, quien logra organizar un grupo de independientes, la mayoría, poco conocidos, sin experiencia política, pero bajo la premisa de que eran independientes, con un discurso de lucha frontal contra la corrupción, y cuya carta de presentación era que formaban parte del equipo de Juan Diego, lograron un impresionante resultado. Obtienen dos alcaldías, 12 representantes, y 19 diputados, siendo electos el grueso de ellos en la capital y sus alrededores.

Este grupo se focalizó y solo presento 38 candidatos a diputados y valiéndose de un mecanismo que ellos criticaron por años, el voto plancha, o voto lista, y centrándose todo en la figura de Juan Diego, logran un excelente resultado.

Las distintas mediciones, cuando se investigaba la intención de voto para los candidatos de manera individual, registraban bajos niveles de conocimiento e intención de voto entre la población, así como en la elección presidencial, los votos eran del expresidente Martinelli, en la elección de diputados, los votos fueron del ex diputado Vázquez.

Entre los grandes contrastes de esta elección, hay que notar que, a la presidencia, eligieron a un presidente que sustituyó al candidato original, hoy condenado por la justicia, y a la Asamblea escogen a un grupo de jóvenes que se presentan con el discurso anticorrupción y que además son el mayor grupo parlamentario.

El presidente electo Mulino, de línea conservadora, tiene ahora el reto de generar las condiciones para establecer un piso de gobernabilidad con una Asamblea que además de variopinta, la mayor fuerza política es de corte progresista, y en la que ambos (el presidente electo y los diputados de Vamos) llegaron con votos prestados. Tener claridad en ello, será fundamental para la gobernabilidad del país.

 

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